Lo más bonito de un amor efímero es la irracionalidad que se va derramando tras cada paso que lentamente damos. Las miradas adquieren una importancia especial, como si no hubiera otra cosa en el mundo. Cada beso nos hace llegar hasta lo más alto porque somos conscientes de que tal vez no haya otro más. Los momentos se valoran al máximo, porque inconscientemente somos esclavos del tiempo y su habitual tic-tac, que no perdona ni perdonará. Y luego está lo que tiene esconderse, no ser descubierto, disimular sin conseguirlo...todo es tan divertido.
Pero lo malo de los amores efímeros es eso: su duración. ¿ Y que pasa cuado todo termina? ¿Qué ocurre cuando todo pasa, cuando se acaban los cuentos de hadas ? Una mañana te despiertas y parece que hasta el tiempo está conspirando contra ti. Todas las canciones te recuerdan a él, como el tópico de la niña tonta , como cuando en las películas esperamos el gran final. Pero pasa el tiempo, y todos tenemos que darle al contacto con la realidad.
Aún así, alguien nos dió a conocer una gran verdad cuando afirmó: “Todo es mucho más bonito cuando tiene un final.”
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