Que difícil puede ser todo cuando queremos que lo sea, que caro es el tiempo si no ponemos de nuestra parte, que injustos podemos llegar a ser sin darnos cuenta...
Somos lo que queda de nuestro pasado, los recuerdos de un futuro próximo, las verdades que ocultaremos, los minutos de los que nunca hablaremos. Somos el resquicio de lo que pasó anteriormente, los herederos del consumismo en su máximo nivel, la jodida generación “ni-ni”, los parados, los erejes, los fiesteros, los incansables.
Somos insensibles, ingratos, egoístas, desalmados. Nunca pensamos en las
consecuencias, y nos damos cuenta siempre tarde de las cosas. Somos cada día un poco más viejos, pero no más sabios. Somos las horas puntas en los atascos, los miedos ocultos de los valientes, las lágrimas de los desgraciados y las sonrisas de los falsa o no falsamente felices.
Somos las melodías imperfectas que rodean nuestros días, y todos esos ruidos que construyen momentos perfectos. Alimentamos nuestra alma con mentiras, y luego siempre es tarde para decir verdades. Creemos incoherencias, desmoronamos nuestra realidad lidiando contra nosotros mismos. Somos todo aquello de lo que nos arrepentimos.
Somos todo eso que hicimos y juramos no hacer.