Cuando éramos pequeños e inocentes, nos abrumaban con comentarios a cerca de lo corta que es la vida. Y como no nosotros, incautos ,ignorábamos cada una de esas palabras sin tener en cuenta la rapidez con la que crecíamos.
Y ¿quién me iba a decir a mi que el tiempo pasaría sin darnos cuenta? ¿Quién podría imaginar que el día a día iba a ser tan rutinario como nos lo contaron, que las horas se harían siglos, y los días meses? ¿Como imaginar que los momentos de diversión se acortarían y el aburrimiento y la monotonía acecharían nuestras vidas constantemente?
Y que el dolor siempre espera tras cada esquina? ¿Y que los amigos no siempre son los que dicen serlo? ¿Y que el esfuerzo no siempre da frutos?
Aún con todo ,seguimos sin darnos cuenta de la fugacidad de cada instante. Y si, aún como cuando éramos unos niños, seguimos viviendo sin poner el máximo de atención y ganas en cada cosa que hacemos. Por que claro, aunque corta, la vida siempre te da algo más. Algo por lo que luchar, o por lo menos, algo por lo que seguir.
Vale la pena seguir siendo unos indecentes y vivir sin tener conciencia, como aficionados en el paso de los días, y en el paso de los momentos que nos enseñan que arriesgar puede ser sinónimo de ganar, pero también de perder.

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