La fría repetición del paso de las
horas no desalienta mi alma, que ya es perra vieja en esto de los
engaños y las triquiñuelas del amor. Tu rostro ilumina mis noches,
en cada sueño lo veo, esos ojos verdes, insaciables, portadores de
la más bonita sensación. Una duda, entre explicarte a besos lo que
me importas, o soltarte los “te quieros” que se amontonan en mi
boca.
Con toda esta sarta de incoherencias,
intentaré pues, resumirte, querido compañero, a qué viene tanto
palabrerío. Lo que necesito, lo que deseo que comprendas más que
nada en el mundo entero, es que aunque no te conozca más alla de las
palabras, (y muchas veces ni te entiendo), aunque probablemente sea
inapropiado y precipitado acelerar este proceso, y aunque creas que
dichas memeces son obra de algún extraño conjuro, yo, sin comerlo
ni beberlo, sin planearlo... te quiero.
Y yo entiendo lo que dices.
ResponderEliminarUn beso