Hace un tiempo, me miraste fijamente, y me preguntaste si sabía
soñar. En aquella época yo, ignorante a más no poder, respondí
que sí intensamente; casi ofendida por que tú te lo cuestionaras.
Siguió la vida y seguimos nosotros, conduciéndola hacia la
comodidad entre besos y constantes viajes en coche. También siguió
el tiempo y con él pasamos ambos, desconocidos, desperdiciándonos con una total
y completa certeza. Una mañana me desperté a tu lado, cuando ya
apenas quedaba nada, y volviste a hacerme la misma pregunta. En aquel
momento no supe que contestar. Aún no había rozado con mis dedos el
cielo, ni había conseguido llegar a la meta más lejana. Todavía no
sabía lo que era ser feliz sin
motivo aparente. Por un instante lo tuve claro: no sabía soñar,
porque aún no lo había intentado. Fue entonces cuando ambos lo
supimos, era el momento de empezar a intentarlo. Tú ya no me mirabas fijamente, y ya nunca me lo volviste a preguntar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario