Coje mi jodido dolor y lánzalo a una fosa honda, muy honda, para que no vuelva jamás. Agarra por el cuello a estos confusos sentimientos y empújalos lejos, para que no quieran regresar. Quema todas nuestras esperanzas, imprégnalas de gasolina, para que ardan bien, y no resurjan de las cenizas. Mata a los recuerdos, para que no me acechen cada noche, para que no me quiten el sueño. Introdúcete despacio en mi mente, y lanza una bomba destructiva que haga que deje de pensar.
No será nada fácil, tendrás que herir al dragón enfurecido de mi egoísmo, luchar contra todo lo que hay debajo de la capa de roca que me he construido, y vencer a mis verdades más oscuras. Haz que desaparezca este dolor, inténtalo, por todos los medios. Destruyelo todo, pero, por favor, que no vuelva nunca más.
La pérdida es algo que por suerte o por desgracia, siempre nos acompaña. De ti depende, enrolarte en la inútil tragedia de luchar contra ella, asumirla, o hacerla literatura.
ResponderEliminarEn cualquier caso, me seguiré pasando por aquí. Pocas cosas me gustan más que la prosa de vísceras, aprovéchalo.
Un abrazo, Loba